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domingo, 5 de febrero de 2017

Fallas en la Matrix, segunda parte

Un error o falla en la realidad es un evento que demuestra que hay algo fuera de lugar en la realidad o en algún “lugar” de tu cerebro. A continuación te presentamos la segunda parte de estas pequeñas historias inexplicables y totalmente ajenas a la lógica.
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Paseo en automóvil.

Cierta noche tuve un sueño en el que me encontraba en un automóvil con mi hermana cerca de una iglesia a la que solíamos asistir. Por algún motivo el vehículo empezó a perder el control, así que tomé el volante e intenté salvar a las personas de la muerte.
Al día siguiente le conté a mi hermana sobre el sueño, ella me dijo que había tenido ese mismo sueño, con la iglesia y todo lo demás, solo que era ella la que tomaba el volante, no yo.

Flores para su hermano.

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Esperaba un aeromóvil en una ciudad que queda a unos 15 minutos de donde pretendía bajar. Mientras esperaba, vi a una mujer con los ojos vidriosos pidiendo limosna en la plataforma. Se acercó a mí, hizo una pausa y me preguntó “¿Disculpe, tendrá algo que darme? Mi hermano está en el hospital y me gustaría comprarle un ramo de flores”.
Impresionante, pensé. Los adictos son cada vez más creativos (y obvios) a la hora de conseguir dinero para comprar drogas. Incluso a sabiendas de que era una mentira, le di 5 dólares sin mirarla a los ojos, convencido de que aquel dinero no era para comprar flores.
Poco después el aeromóvil llegó y entré. Por la ventana vi a la mujer en la estación pidiendo dinero a otras personas mientras el vehículo empezaba a moverse.
El aeromóvil llegó a otra estación 15 minutos después, y me dirigí hasta la parada de autobús. Solo había un autobús estacionado y, ¡qué suerte la mía! Tenía como destino el lugar a donde yo pretendía llegar. Entonces entro al autobús y me siendo en uno de los asientos del medio, esperando a que el conductor termine de leer el periódico para que arranque y se dirija a la carretera. Después de 5 o 10 minutos de viaje, el operador hizo una parada de rutina. La puerta se abrió y, para mi absoluta sorpresa, la mujer que estaba pidiendo dinero en la estación entró al autobús. Llevaba una docena de rosas en los brazos. Me mira a los ojos mientras pasa a mi lado y se dirige a los asientos del fondo.
¿Cómo llegó hasta allí? Tomé el tren antes que ella. La vi en la estación desde adentro del vagón cuando partía. El aeromóvil cruzó un río. Tomé el primer y único autobús en aquella dirección. Y no solo llegó antes que yo, sino que tuvo tiempo para comprar las flores.
Hasta hoy no puedo explicarme cómo sucedió esto.

Francés fluido.

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Estaba en Paris, en vísperas de Navidad, haciendo una excursión por parte de Contiki Tours y estaba en un club nocturno, totalmente borracho hasta que entré en un taxi con una chica que también era parte de la excursión. A la mañana siguiente me dijo que había quedado impresionada por mi francés tan fluido. Me reí y le dije que no sabía ni contar en francés, pero ella me dijo que había tenido una conversación de casi 30 minutos en francés fluido con el taxista. Me quedé sin palabras y hasta hoy me jura que aquello realmente sucedió.

Un nuevo inquilino.

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Esto sucedió cuando me encontraba en la facultad. Estaba conduciendo por una carretera dentro de una reserva en el norte de Wisconsin. Vi a un hombre a la orilla, cojeando, así que me detuve y le pregunté si se encontraba bien. Me respondió que sí, estaba bien; solo tenía que ir a casa pues su mujer había decidido que aún lo amaba. Habían peleado. Le pregunté donde vivía y sorprendentemente era en la misma ciudad donde yo estudié (más o menos a dos horas del lugar). Le ofrecí un aventón. No hablaba mucho, parecía cansado. Cuando llegamos a la ciudad, me fue dando indicaciones para llegar.
“Un poco más, estamos cerca”, me dijo. “Da vuelta a la izquierda en ese semáforo”.
“Muy bien”, le dije.
“Aquí es” dijo mientras apuntaba, “después de esta camioneta blanca”.
“¿Aquí?”, estacioné en frente.
“Sí”.
“Debes estar bromeando”, le dije.
“¿Yo?”, me respondió sonriendo, como si supiera lo que yo quería decir.
“Yo vivía aquí”, le dije.
“¡No me digas!”
“Sí, en el piso de arriba, apartamento tres”.
“Ah, ese es mi apartamento”, ahora tenía una sonrisa de oreja a oreja. “Que pequeño es el mundo”.
Me dio las gracias por el aventón, salió del carro y entró por la puerta principal de mi antiguo edificio. Sé que puede ser solo una coincidencia, pero fue uno de los momentos más extraños de mi vida.

Premonición.

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Volvía a casa con mi padre, pero antes pasamos por un Drive Thru. Me empecé a sentir ansiosa sin motivo aparente, al punto de que me dieron náuseas y mareos. Tuvimos que esperar un poco más de lo esperado pues habían entregado el pedido equivocado. Me quedé allí sentada, sintiéndome terrible, y de la nada sentí una necesidad absurda de llamar a mi hermano.
En la pantalla de mi teléfono había una llamada perdida de él. Había sufrido un accidente en el carro. Nadie murió, algunos resultaron con hematomas serios, pero el solo se llevó el susto. Mientras hablaba por teléfono le dije que se tranquilizara y se alejara lo más que pudiera del carro. No entendió muy bien por qué le dije eso, pero se alejó. También logró que los amigos con los que estaba se alejaran del lugar. Pude escucharlo conversando con otras personas y después una explosión y muchos gritos.
Después que la confusión pasó, mi hermano me contó lo que sucedió. Su amigo borracho intentó impresionar a unas chicas que estaban en el auto, aceleró con todo, pero la parte inferior del auto golpeó con una roca, lo que hizo que el carro se convirtiera en una desgracia. Después del accidente se quedaron cerca del auto, el conductor aun intentando hacer que funcionara. Las llamas empezaron a salir por el capó y el auto empezó a quemarse rápidamente. El conductor se lastimó bastante, tuvo quemaduras serias. Algunas personas que estaban cerca también resultaron heridas, pero no tanto como el conductor. Mi hermano fue el único que salió con unos cuantos hematomas. Me dijo que cuando le pedí que se alejara del auto, estaba a centímetros del capó.
Nunca había sentido nada como aquello antes, solo esa vez. En mi cabeza no parece un recuerdo concreto, sino algo que vi en una película. Pero de que sucedió, sucedió.

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